Eres un hombre triste y patético. Eres un homosexual y no quieres serlo. Pero no hay nada que puedas hacer para cambiarlo. No las oraciones a tu Dios. No los análisis que puedas comprar en todos estos años que te queden por vivir. Tu bien, tal vez algún día, podrás conocer una vida heterosexual, si lo quieres tan desesperadamente. Si lo persigues con el fervor de tu anhelo. Pero siempre serás homosexual a la vez. Siempre Michael. Hasta el día en que mueras.
Esta es la confesión del cumpleañero Harold al finalizar con el devastador “juego del telefono”. Dirigido a Michael. Un hombre gay, católico, de mediana edad quien admira, destrozado, la fuerte lluvia que sucede en el otro lado de la puerta. Al todos abandonar el apartamento, como bien el director William, Friedkin ha confesado, decide darle el único punto de vista subjetivo de la cámara a nuestro personaje, con la vista nublada y las lagrimas en los ojos, caen en el piso y, agarrándose de su compañero Donald del brazo, temiendo que se vaya para siempre grita con desesperación ¡No lo lograre! … ¡No lo lograre!
Esta, una de las más efectivas, de muchas de las escenas de THE BOYS IN THE BAND, desnuda a Michael en su totalidad. Entendemos lo distante, arrogante y neurótico que fue. Es un católico que vive con constante culpa. Que va a misa y que luego sale a pecar para volver a sentir la pena. Es una loca patética que se castiga a si misma sin piedad y sin alguna continua esperanza de cambiar. Esto es THE BOYS IN THE BAND.

Antes de que el director William Friedkin estrenara su reconocida obra de posesiones demoníacas que dio vuelta al mundo con THE EXORCIST, ya había levantado gran polémica con lo que probablemente es, por el momento, una película todavía oscura para, incluso seguidores de la famosa obra de horror o de la película de acción THE FRENCH CONNECTION, pero que para muchos homosexuales en esa época y aquellos tengan memoria en la actualidad de la época, fue una desafiante obra maestra que, por primera vez en la historia del cine había sido capaz de confrontar el tema de la homosexualidad, no como una enfermedad o como un problema, sino como un modo de vida. THE BOYS IN THE BAND relata, con inteligencia, audacia y sarcasmo, la noche de un grupo de nueves hombres. Ocho son gays, uno dice que no lo es. La fiesta esta organizada por Michael (Kenneth Nelson – Muchos lo reconocerán en un pequeño papel como Bill en HELLRAISER de Clive Barker), quien ha organizado su “sitiecito”. Donald, Hank, Larry, Bernard y el afeminado Emory son invitados a celebrarle una fiesta sorpresa al viejo Harold a quien, tienen de regalo, no solo una grandiosa comida, sino un tejano que Emory mismo ha escogido de la calle. Sin embargo, en la fiesta llega la desprevenida aparición de Alan, un antiguo compañero de Michael que ya se encuentra felizmente casado pero que necesita desesperadamente hablar con él. De repente, las cosas se calientan cuando, al hablar y hablar, el afeminado Emory encara al conservatismo de Alan. Pero después de un baile y una buena comida, la tormenta se acrecienta. Y Michael, tan macabro, católico y controlador decide encararlos a todos encerrándolos y obligándolos a jugar “El Juego del Teléfono”.
THE BOYS IN THE BAND fue la tercera película dirigida por William Friedkin, Matt Crowley apenas había escrito la obra de teatro (Inspirando el titulo basado en una escena entre James Mason y Judy Garland en A STAR IS BORN - aunque dice que lo escogió sin querer) y la había puesto en Broadway undeground, después de ver la adaptación de Friedkin de THE BIRTHDAY PARTY de Harold Pinter, Crowley decidió mandarle el guión a Friedkin, quien, el joven, quedo totalmente maravillado por el sorprendente trabajo de los diálogos – a la verdadera altura de ALL ABOUT EVE (Y ese es un gran honor que pocas películas han podido alcanzar). Y Crowley dice, complacido, que Friedkin acepto un muy duro trabajo que realizo con grandeza.
No solo porque su originalidad viene del teatro, THE BOYS IN THE BAND podrá parecer un poco “habladita” para algunos… y aunque preserva su herencia teatral, Friedkin le otorga una movilidad impresionante, acarreada con los maravillosos personajes y las increíbles líneas. Pero, introduciéndonos en el tema que se convoca, la obra de Crowley/Friedkin es más que maravillosa. Nos muestra, con una sensible hilaridad pero, principalmente, con sencilla honestidad y humanidad, una noche de la vida de estos hombres, cada uno diferente. Cada uno pecador. Cada uno con gustos diferentes. Unos más tímidos que otros. Otros completamente festivos y alegres. Otros totalmente arrogantes. Otros totalmente abstractos -El personaje de Michael, sin embargo llega al corazón, sin importar lo arrogante y equivocado que podamos creerle y sentirle -. Lo más maravilloso de esta obra es que supo traducir las problemáticas de los homosexuales, no como un tema medico, de investigación ó de explotación. Friedkin y Crowley crearon personajes netamente humanos que fueron una contemplación de más de un hombre en una época que hasta ahora se estaba encontrando así misma. Los tiempos no eran fáciles. La homosexualidad era tratada como una enfermedad e incluso penalizada. El resultado final es, hasta el día de hoy, una maravillosa película que no envejece ni un halo a pesar de todas las cosas que han pasado en estos más de 30 años. Porque es una traducción de una sociedad torturada. De un problema humano. De una retórica, que a pesar de la mayor aceptación de muchos, sigue siendo un tema sensible en el obligo del mundo.
Lo maravilloso es que todos y cada uno de los personajes son más que identificables. Sufrir con ellos es inevitable e incluso, así como causo efecto en muchos hombres, guardarlos en la memoria de su vida. Por eso, finalmente tuve una fijación con Michael y me he enamorado de él. No porque pudiera ser el tipo de persona con la que quisiera estar, sino porque por medio de él, entendí, no solo el objetivo vital de esta película, entendí el verdadero conflicto entre la sociedad y el hombre homosexual. Vivimos en un mundo de alienados, de alienados enamorados, de hombres que “consecuencian” su propia alienación. Por eso Michael sigue en las mismas, Crowley no apetece por darle a un cambio en su personalidad, ni siquiera una esperanza. Y no porque quiera ser pesimista y malvado con su creación, sino porque Michael mismo a elegido seguir su camino. Michael no es la prueba de que THE BOYS IN THE BAND es una obra conformista…es una obra realista sobre un mundo que se conforma.

Y para los que querían saber la respuesta a la pregunta del subtitulo. Es Bette Davis.
THE BOYS IN THE BAND – Dirigida por William Friedkin – Escrita por Mart Crwoley basado en su obra de teatro – Reparto: Kenneth Nelson (Michael), Frederick Combs (Donald), Cliff Gorman (Emory), Laurence Luckinbill (Hank), Keith Prentice (Larry), Peter White (Alan), Reuben Greene (Bernard), Robertb La Tourneux (Cowboy), Leonard Frey (Harold) – Producida por Mart Crowley para Leo Productions y Cinema Centres. Estados Unidos, 1970. Technicolor. Ingles. 118 Minutos.